Como en toda empresa, también en el Estado, la participación de la mujer o la falta de esta es determinante a la hora de los resultados, así como en todo el proceso de diseño y ejecución. No estoy hablando de igualdad ni de justicia. Aunque ambas cosas son urgentes, me refiero exclusivamente a cuestiones de productividad. Así como hombres y mujeres compartimos muchas preocupaciones, también hay otras que nos diferencian; del mismo modo que nos diferencian la forma como demostramos nuestras emociones y nuestro razonamiento. Y ya que a groso modo nuestra nación está compuesta en un 50% de hombres y un 50% de mujeres, podríamos pensar también que el fin del Estado, o sea, el Bien Común, necesariamente tiene que tener también particularidades y no sólo características homogéneas, porque el bien común se construye a partir del bienestar de cada uno y de cada una.
Estas mismas diferencias y complementos entre mujeres y hombres determinan la importancia de la presencia y participación de ambos en la gerencia pública, ambas miradas enriquecen la gestión, ¡OJO! que no es cuestión de paridad, no es una simple suma de hombres y mujeres, diría más bien que se trata de una cuestión interdisciplinaria, de enriquecer lo masculino con lo femenino y lo femenino con lo masculino, y a partir de eso generar políticas y acciones públicas más eficientes y eficaces, más reales , menos sesgadas y no sólo en los llamados “temas de mujeres” sino que para el conjunto de la Nación.
Previo a eso es necesario que las posibilidades de acceder y ascender en la Administración Pública no sean menores para las mujeres, ya sea por opciones personales o por cuestiones culturales. Dentro de estas últimas la familia, el valor que se le asigna y el protagonismo de la mujer en ella me parece ser la más importante. Nuestro sistema está diseñado para que familia y trabajo sean incompatibles, que haya que hacer un “sacrificio” por la familia y que la llamada a hacerlo sea la mujer.
Personalmente cuando fui mamá no quise que mis hijas pasaran sus primeros años al cuidado de personas distintas a su familia, tenían que quedarse con uno de sus padres, combinando lo anterior con el menor daño posible a la economía familiar (perder el ingreso menor) fui yo quien no volvió a trabajar remuneradamente, estoy eternamente agradecida de haber podido hacerlo y lo repetiría mil veces, sin embargo no me parece que esa deba ser una tendencia. Partiendo por el Estado, las empresas deben crear las condiciones para que familia y trabajo no sean excluyentes ni para la madre ni para el padre. Es necesario que el Estado marque la pauta humanizando las organizaciones y sin negar la familia de sus trabajador@s, lo cual redundaría en una mejor y mayor productividad, así como dos cabezas piensan mejor que una, los dos géneros en conjunto pensamos mejor que sólo uno de los dos.






Super inteesante tu visión
mueve tus energias, muévelas con la mejor de las intenciones
imparcial y auspiciosa.
Lo malo, o no malo, lo deficiente enun istema como el nuestro, es que las políticas públicas, están diseñadas para que " los tobies" se unan en su club hermético.
Claro, como tu bien dices, no es cosa de paridad, en una instancia interdisciplinaria, habría más comunión, con la opinión del género opuesto, sin " pegarse", en la etiqueta, si no viendo la competencia, la eficiencia en la gestión en que sea posible, la oportunidad dual de enriquecer una idea, un proyecto en conjunto, sin menguar o restringir de plano, potenciales capacidades de enriquecimiento.
La mujer en su doble participación y protagonismo, sufre un desgaste injusto y poco reconocido ( hasta ahora ).
Habría que esperar..que en las bases de ésta sociedad machista y excluyente, y a veces hipócrita, se eduque de manera vertical la relevancia de las futuras generaciones mujeres, y su espacio " justo ", para su desarrollo personal, familiar y social.
Un tributo a la mujer emprendedora, esforzada y capaz.
saludos cordiales y mucha energia
p.d. me encantó tu blog.