Siendo trabajadora social veía una y otra vez cómo buenas iniciativas chocaban contra el muro del aparato del Estado y cómo las intenciones se atascaban en las enredaderas de la administración pública. Un espacio en donde me parecía que los informes valían más que las personas, también debo decir que en medio de eso veía héroes y heroínas que desde el servicio público se la jugaban por las cosas en las que creían, que hacían un doble trabajo: cumpliendo con los informes y arreglándoselas para encontrar dentro del sistema pequeñas ventanitas que les permitían hacer el trabajo "importante".
Dadas esas circunstancias decidí estudiar Administración Pública, como una forma de conocer al "enemigo". Ya llevo cuatro años conociédolo y para graficar puedo decir que es un gran "transantiago" a nivel nacional, es decir, un proyecto muy bien diseñado, en donde todo está coordinado para funcionar como reloj y que sería perfecto si en vez de personas fuéramos objetos inanimados, que además no sufrieramos cambios en el transcurso del tiempo.
Mi humilde diagnóstico es que, mi actualmente ex-enemigo, está muy mal, lo que no deja de ser bueno, porque significa que hay muchas cosas que se pueden hacer por mejorar, son tantos los frentes que hay que atacar, que cual sea la posición en que nos encontremos podemos aportar. Saludar amablemente mirando a los ojos ya es un gran aporte, permitir que los sistemas informáticos de los servicios utilizaran programas con "códigos abiertos" significaría avanzar un buen tramo...
Veo que es posible tener una administración pública a escala humana, que sea al mismo tiempo eficiente, eficaz, amable y dinámica. Quiero que este sitio sea un aporte compartiendo conversaciones, conceptos e ideas y ojalá poder mostrar experiencias exitosas que nos sirvan de referencia. Estoy disponible para aportar y para aprender, porque este es un tema que se debe enfrentar en comunidad.





Me metí con el enemigo
Conforme con tu diagnóstico, sumo a ello, la reflexión que este enmigo se vuelve más agresivo cuando la gestión se transforma en voto, la ayuda en un solo color y el servicio en el nudo a la pata del sillón del poder.
Bien mi gerenta pública, espero que nos veamos, ya pues que apenas conversamos ese día del carretix.
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Gerardo Espíndola Rojas
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